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Crisis política, social y económica

La situación política, social, económica e institucional española es preocupante. Agobia pensar que nos dirigimos a un abismo. Estamos sin líderes políticos capaces de reconducir la situación. En su lugar hay mediocres que parecen ignorar lo que se nos viene encima.

Décadas de incompetencia y corrupción han debilitado al Estado y nos han convertido en un pueblo indignado y frustrado, con instituciones y clase política desacreditados. Se ha llegado a tal deterioro democrático y a una crisis política, social y económica tan profunda que no se ve futuro.

Piden sacrificios, comprensión y mayor productividad. Pero solo escuchamos irritantes noticias de despilfarro, corrupción e incompetencia de la clase política, recortes en los servicios públicos, desmesurada deuda, falta de competitividad, 25% de paro ... Nos vamos al guano.

Y lo peor es que no se atisban señales de cambio. La gente quiere regeneración y reformas, pero los políticos siguen su letargo en su nube, no parecen conscientes de lo que se nos viene encima. Es decepcionante. La situación es tan grave que cada día es mayor el riesgo de derrumbe y de caer en populismos que nos harán retroceder décadas.

Fernando Sabater dice que "el populismo es la democracia de los ignorantes" yo añadiría "y de los cabreados". Es de manual, ya ha ocurrido en Latinoamérica, en Asía, y también ocurrió en los prolegómenos de la II Guerra Mundial, donde la crisis económica y política alimentaron el descrédito de la democracia y dio lugar al ascenso de alternativas totalitarias con las consecuencias conocidas.

Sobre Iberoamérica lo expresa con claridad la politóloga Gloria Álvarez.

Cabe preguntarse cómo los ciudadanos permitimos que esto ocurra. Quizás en España es porque tenemos poca experiencia democrática y los partidos han mantenido un sistema institucional extractivo y subyugado al poder a la vez que se han esforzado en deteriorar el sistema educativo para neutralizar a la población.

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El futuro es desilucionante porque no cabe esperar que la clase política, causante de la situación, acometa la regeneración democrática, empezando por sus propias organizaciones políticas.

Cada vez hay más gente que pide un relevo para limpiar a fondo y restaurar un verdadero sistema democrático, pero no se vislumbra a nadie capaz de hacerlo. Estos momentos son claves, algo habrá que hacer, porque la situación es cada días más preocupante.

 


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